LA EDUCACIÓN VERDADERA ES COMO UN VIRUS EN LA ESCUELA DE HOY

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La última vez que trabajé en formación de profesores, pretendí fomentar agentes de cambio, pensamientos críticos y una mirada más reflexiva, acompañando las clases con investigación, creatividad y actividades extraprogramáticas que escapaban al academicismo (Parra x 100, la charla sobre "La Nada" de Felipe Cussen, Al Aire Libro, la charla de Rosa Ramírez de Gran Circo Teatro o el ciclo de charlas culturales). Naturalmente, se generó más ruido del necesario y esto levantó irritabilidad en niveles más altos de decisión, conformándose una atmósfera inabordable e insostenible para mi trabajo y salud personal. Renuncié. Al tiempo, al poco tiempo, terminaron despidiendo a la responsable de mi renuncia, porque resulta que el loco no era yo por mi "rebeldía académica", sino ella por la paranoia y abusos de poder de casa de la risa. No obstante, los que alimentaron ese desastre, siguieron y siguen riéndose en sus espacios de confort. Michel Foucault ha sabido decir mucho sobre ese tipo de personajes.

Al aire libro

Lamentablemente, con el buen equipo que conformamos, no alcanzamos a materializar los cambios que quisimos en la formación de profesores y hoy, debe ser mal leído, poco comprendido, muy criticado, incómodo. Qué fácil es llegar con el síndrome "fundacional" a otro lado.
Lo cierto es que me vino este deseo de hablar un poquito de la educación institucionalizada, porque habiendo ocurrido una fisura en la Matrix, nuevamente estoy trabajando en la formación de profesores y en un área que me fascina, porque reúne mis tres pasiones: literatura, educación y lingüística. Y como siempre, hasta que los señores Smith me descubran (tengo esperanzas que no hay Smiths en este nuevo lugar de trabajo), vamos a aportar un poquito en la misma línea: agentes de cambio, pensamiento crítico y una mirada reflexiva; acompañando las clases con investigación, creatividad y anormalidades extraprogramáticas.
Es en este contexto, que he debido refrescar mis ideas, tristemente guardadas, sobre educación para ponerlas al servicio de dos primeras semanas de diagnóstico inicial, co conocimiento con los estudiantes, empoderamiento y puesta en marcha. No es fácil retomar aquello a lo que uno debió renunciar obligadamente o donde uno había tirado la toalla. Pero bueno, no pasan más de 15 segundos y uno ya se subió al tren y no se da cuenta como todo surge, aunque esté bien abajo en el ropero. Cuando lo que uno aprende está conectado con uno mismo en toda su integralidad, no se olvida. Es como andar en bicicleta. Si en cambio sólo es un discurso, un contenido memorizado, un saber superficial atrapado en el "parecer", ahí sí que es difícil. Después de todo, el ser consciente de mi propia experiencia frente al aprendizaje y el saber (aceptando que para otros puede ser diferente, paro también reconociendo que hay algo en común que nos hace humanos), instala fielmente mi propia definición de aprendizaje y saber. 
Después de todo, a pesar que me he topado con agresivos comentarios sobre la propuesta, siempre he optado por la construcción en conjunto del conocimiento a partir del análisis del contenido. Por lo tanto, en ese sentido, no soy yo, el profesor, quien hace la clase, sino que soy quien instala algunos desafíos y preguntas para participar en la clase que se hace a sí misma. Siempre hay un riesgo en esa propuesta, frente a un tipo de estudiante, primero acostumbrado a que les transmitan el saber (y ojalá en difícil) y segundo porque admiran, desean y sueñan con ser el semidios, único portador del conocimiento que lo transmite a sus estudiantes. En cada sala me encuentro ese estereotipo que, si ha adquirido alguna supremacía de poder en el grupo, es el primer obstáculo con el que se debe lidiar. Sin embargo, muchas veces el grupo no le ha permitido dominarles, y sigue prevaleciendo el deseo de participar, explorar, experimentar y ser aprendientes activos. 

Dioses en el Olimpo

El otro día, las preguntas iniciales nos llevaron a discutir el cómo durante la primera infancia en Chile se está intentando intelectualizar al niño/a, apurar el que aprenda a leer o matemáticas, bajo la creencia, incluso por presión de los padres, que mientras más rápido el niño/a sepa algo, es y será más inteligente. Lo interesante es que aquella creencia la he visto, sobre todo, en padres que dicen, parecen, creen venir sobre todo del mundo científico que -ignorando también que no hay una sola ciencia, sino que hay ciencia para justificarlo todo desde el interés particular de quiénes están a la cabeza del campo científico y de donde viene el financiamiento- si analizamos bien, no ha evidenciado mucho respaldo a la idea de una relación proporcional de: a más rápido les metamos el contenido/ niños más inteligentes y mejor desarrollados. Al contrario, si incluso nos ponemos clichè y miramos Finlandia, nos damos cuenta que tanto ese país como la mayoría de los países que están a la cabeza, no sólo de los estándares educativos en evaluación, sino también en bienestar social y desarrollo (que no sólo significa crecimiento), respetan como hueso santo que el niño antes de los 7 años tiene un sólo objetivo en la vida: jugar. Y si jugando aprende más "contenidos" es desde su exploración, interés o autoconocimiento, pero no desde es una imposición curricular, docente, estructurada. Por ahí tienen muy claro que preparar para "la era del conocimiento" no se logra "apurando el conocimiento", sino redefiniendo qué es el conocimiento: ahí lo emocional, lo físico, lo cognitivo, el espacio, lo cultural, la colaboración son más relevantes que un check list si ya sabe o no el alfabeto o qué tan rápido mi hijo/a aprendió a sumar, aunque no sepa saltar un charco de agua. Aquella conclusión que narro, por ejemplo, surge de la participación activa de los estudiantes, no del profesor.

Educación en Finlandia


Ya sé lo que debes estar pensando: aahh el mismo cuento de siempre, pero estamos en Chile. Sí, es cierto. Pero las decisiones pedagógicas que se toman en tales sistemas educativos, no tienen que ver con una cultura, sino con una mudanza en los paradigmas imperantes sobre qué es el aprendizaje, qué es el ser humano y qué es la escuela. Aspectos culturales en medio, claro: la confianza finlandesa, el trabajo alemán, el cuidado ecológico de los holandeses, la integralidad de los daneses, el espíritu y la voluntad nipona, etc. Pero si no partimos por remover los paradigmas, difícilmente vamos a terminar cambiando la cultura que es, hasta donde yo sé, para lo que trabajamos en educación y no para reproducir una lógica del trabajo.
Pensemos un poco, con calma y acción, sobre la educación verdadera y con sentido para inocularla como un virus en la escuela de hoy.

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