Del problema de “Todxs” a la caricatura de la “cuerpa”: PLURAL MASCULINO GENÉRICO




Efectivamente, por razones etimológicas y de diacronía lingüística resultó ser que las lenguas romances, en el contexto actual, equivocaron su evolución al forjar el masculino genérico, es decir: si tengo un grupo de 25 mujeres y un hombre, debo nombrarles como “TODOS”, no “TODAS”, cuestión que si bien hace 100 años debió llamar la atención de algún iluminado, hoy es vox populi que genera un problema, sobre todo cuando luchamos por una igualdad de derechos y oportunidades y reconocemos que en esa lucha el lenguaje construye realidad.
Y en esta discusión, que como siempre pareciera ser una manifestación más de poder aquí y acá, la RAE ha dado muestras claras de tradicionalismos al cerrar filas en defensa del masculino genérico. No es de extrañar en una institución que teniendo decenas de miembros, sólo tenga unas cinco “miembras” como dijo por ahí un político español.
Por otro lado, este desafío no está presente en varios idiomas, bien por ellos: They en inglés no tiene género... no hay “él” o “la”, sino “the”; cuestiones similares están presentes en el euskera, el finés, el chino, el japonés, y decenas más. ¿Esto ha significado culturas menos machistas? Difìcil responder, pero de interesante análisis. Probablemente no. Si logramos eliminar un masculino genérico ¿Realmente daremos un paso no sexista? ¿No se podría transformar en un maquillaje? Tiro preguntas para la reflexión. ¿Verdaderamente tendrá influencia el masculino genérico en el contexto machista? ¿Tendrá más influencia que la institucionalización masculina del cristianismo? Sin tener muy claro el resultado, creo que sí debiéramos ir en esa dirección, aunque fracasemos. Fracasos hoy, éxitos a posteriori. Consciencias a posteriori.
Pero no culpemos a la RAE. La academia, si bien en el último milenio podría haber tenido alguna influencia, en general no tiene ninguna responsabilidad en torno a cómo y qué diseña el idioma. Si las academias tuvieran real poder, no hablaríamos español, sino latín culto.
Tampoco, y en esto hay que ser claro, nadie que se proponga va a cambiar el masculino genérico, aunque a simple vista sea un tema bien puntual y de fácil resolución, pero sin la comunidad y el uso al 100%, será una tarea bien compleja.
En lo concreto, efectivamente, si hablamos de un grupo humano compuesto de hombres y mujeres, las alternativas al masculino genérico (todos) que se están explorando son las siguientes:
1. Todxs 
2. Tod@s 
3. Todes 
4. Todos y todas.
Creo que las dos primeras tienen una problemática insalvable para incorporarla al uso cotidiano y comunitario: la pronunciación. Y sin pronunciación efectiva, es claro que las mutaciones lingüísticas van a resultar imposibles. La lengua cambia sobre todo a partir del habla oral, por su flexibilidad y dependencia individual; no así en el caso del habla escrito que por ser una manifestación impresa y estática, tiende a sostener el idioma, por mucho “coa” que le pongamos a lo que escribimos.
El caso 3, en cambio se muestra bien interesante. Pero podría abrir un caudal de confusiones y tropiezos si se insiste en la idea de la “o” masculina. Si tenemos un grupo de presidentes, habiendo mandatarios hombres y mujeres, ¿Qué decimos? No es presidentos y presidentas para resolver con “presidentes” ¿Qué pasa en tal caso? ¿También debiéramos cambiar al masculino? Presidento para hombre/ presidenta para mujer y genérico= presidente. Ya no estaríamos hablando de un cambio, sino dos en lo pragmático y gramatical: presidente no es masculino, sino que ahí va presidento, algo nuevo. En este caso, para profesiones o cargos en “ente” y “ante” una mejor idea es modificar en el artículo (la presidente/ el presidente) y nos quedamos en paz con la gente de la RAE. Así como ese ejemplo, se nos vienen cientos relacionados a cargos, oficios y profesiones: gerentes, escultores, cantantes, pintores, escritores... “poeta” por ejemplo, ha abierto una posibilidad interesante, pero si nos remitimos a la lógica de la “o” y la “a”, abre confusiones. “El poeta” que tradicionalmente es masculino, aunque termine en “a”, tiene su par femenino en “La poetisa”, pero gratamente se ha ido usando también “La poeta”. Correcto o incorrecto para la RAE, que no me interesa, hay algo extraño ahí: el tema de la “a” como grafema/fonema femenino. ¿Debiera ser poeto y poeta? No faltaría por ahí el manifestante (o manifestanto) alegando que “poeta” (femenino al ojo) está generalizando también a los hombres. Muy entre paréntesis, para los extranjeros no hispanohablantes, lo lógico es que “sistema”, “problema”, “dilema”, sean palabras femeninas. Pero no lo son, ojalá el idioma fuera algo lógico.El idioma necesita simplificarse, y “enseñar” que la “x” o el “@” se pronuncian de tal modo (que desconozco), sería una tarea titánica y, permítanme, tiránica también.
El caso 4, es mi preferido, aunque, insisto, tanto le irrite a los miembros de la RAE. “Todos y todas” permite dos caminos: incluye a unos y otros, por un lado, y elimina la noción genérica del masculino, por otro. Es decir, se parte de la base que no existe “masculino genérico” de tal manera que, si hay mujeres, debemos mencionar tanto a lo masculino como a lo femenino: Presidentes y presidentas, pintores y pintoras, algunos y algunas, ninguno y ninguna (nadie), otros y otras, etc. No hay manera de usar un genérico, en este caso, sino que siempre se debe individualizar. Pero hay un problema que no se resuelve: el genérico es útil, se necesita incluir en un sólo “conjunto” a hombres y mujeres que integran un grupo, pero no por separado. Esto ocurre porque la “Y” aun siendo un conector copulativo (une todos/todas), no logra integrar en un sólo conjunto. Para ser más claro:
A o B (todos o todas)= Elegir A es excluir a B y viceversa. 
A y B= Si elige A, también elige B. Van juntos, pero son dos cuestiones diferentes.


Por tanto, ¿Cómo hablar de “todos” (genérico) sin ocupar el masculino? Ya vimos los problemas que abren el usar la “x”, el “@” o la “e”. Tal vez la respuesta no esté ahí, sino en cambiar el conector: Todos con todas/ todas con todos. En tal caso “con” nos refuerza la idea de compañía. Es decir, veamos las opciones desde “lo correcto” actualmente para grupos mixtos: 1. Todos ustedes deben estar atentos 2. Todos y todas ustedes deben estar atentos y atentas 3. Todos con todas ustedes deben estar atentos y atentas Pero ¿Se simplifica la forma de expresarnos? Las construcciones son aún más largas y hasta problemáticas de pronunciar con fluidez. Demasiados obstáculos para hacer justicia no sexista en un idioma como el nuestro.
Nuestro idioma tiene género y número, nos guste o no, y cambiarlo de esa manera arbitraria e impuesta (lo que es, dicho sea de paso, inmanente al idioma), pero artificial, es un esfuerzo que, opino (pudiendo equivocarme mucho, probablemente), sólo llevará un gasto de energía, una caricaturización de los movimientos y una simplicidad de las ideas. Decir “el cuello del útero” sólo es un tema gramatical y, por feo que parezca, pretender cambiarlo es una tarea que puede despreocupar objetivos más urgentes y valiosos en esta búsqueda de justicia e igualdad.
De igual forma, creo que, después de todo, incorporarnos la sutileza de usar un “todos y todas” o un “todas con todos” es un ejercicio amable y justo que no nos quita nada a nadie, tanto hombres como mujeres. Y digo amable, sobre todo pensando en los niños y niñas quienes hacen este tipo de observaciones que debieran marcarnos la pauta por su mayor inocencia cultural (vicios y dinámicas culturales): “¿Por qué dicen todos si nosotras también estamos acá?” Ahora bien, una cosa es evitar el masculino genérico, lo cual nos parece una obviedad y un ejercicio abordable y de un éxito visible en la medida que obviemos a las instituciones y generemos educación al respecto; pero algo muy diferente es suponer que las palabras relacionadas a las mujeres, sus cuerpos y prácticas deben ser necesariamente palabras del género femenino y, mal limitando a lo femenino a la letra “a”, que parece una hija tironeada por padres y madres de un lado a otro. Ni la “o” es masculina, ni la “a” es femenina, necesariamente. Las palabras del género neutro del latín, pasaron en su mayoría a masculino en el español (de ahí vienen todos estos problemas) y así, sumado a cientos de otras excepciones al “a” (fem.) y el “o” (masc.), aparecen cosas como: la mano, el fonema, el idioma, el enigma... aunque, y aquí la RAE se muestra flexible, para mano el diminutivo puede ser manitas o manitos. Cada quien puede usar el idioma como le place si cree que así mejora su experiencia comunicativa, pero si queremos fortalecer argumentos para nuestras decisiones, hay que permitirse este tipo de reflexiones. ¿De verdad decir “útera”, cuestión que extrañaría a cualquier mujer que no esté en redes sociales, fortalece la lucha feminista? ¿De verdad fortalece la lucha feminista que los hombres tengan cuerpos y las mujeres cuerpas? ¿La ovaria y no el ovario? ¿Qué hacemos los hombres con la próstata? ¿Lo cambiamos a próstato? ¿Y por qué con “o”, si la “mano” es femenino? ¿Y qué se hace con “el seno”, lo cambiamos a “La sena”? Por decir “el útero” ¿de verdad pareciera una apropiación machista?
En el lenguaje se resuelven muchas cosas, por ello debemos analizar más allá del cliché y las modas lingüísticas. Es lo que creo y, probablemente, me estoy equivocando.
También creo que “el hablar en difícil” es propio de la academia masculinizante y soberbia. Por muy importante que nos parezca el crear un lenguaje nuevo, el incorporar modas lingüísticas, probablemente pasajeras, en las prácticas de lucha le resta efectividad al mensaje y crea distancia con la inmensa mayoría de personas que ignoran la lexicografía en voga que, permítanme la aventura, son precisamente las personas a quien mejor se debe llegar. Hablar de “pamaternidad” o “mapaternidad”, de “sororidad”, no aclara las cosas. Por muy noble que nos parezca “la sororidad” (hermandad, fraternidad entre mujeres en lucha por la igualdad), emplearlo publicitariamente o como slogan, siento que no facilita la comunicación. Creo que para ciertas actividades, es más práctico hablar de “aporte voluntario” que de “aporte sororo”, a menos que se espere seguir reuniendo a las mismas de siempre. Hablar en difícil, no mejora nuestro argumento. Y si un hombre decide aportar ¿ya no es sororo? ¿el ser aporte sororo excluye aportes de hombres?
Para ir cerrando, si se fijan no hay conclusiones, sólo una divagación reflexiva sobre pros y contras, si queremos enfocar también la lucha en el lenguaje, creo que las prácticas lingüísticas identificadas en la violencia obstétrica no pueden perderse de vista. Creo que seguir hablando de “mejorarse” cuando la madre da a luz, es un error. Seguir hablando de “estar indispuesta” durante la menstruación o frases infames relacionadas a la debilidad femenina: “corre como una niña”, “ah es mujercita”, “llora como niñita”, debieran decapitarse enfáticamente en el lugar que nos toca participar y que son reproducidas tanto por mujeres como por hombres. La ropa de niño y niña en las tiendas... con el prejuicio de los colores y las formas. Juguetes para niños y juguetes para niñas. Pero por otro lado, tampoco negarle la muñeca a la niña, para que “sea feminista”, sino siempre mostrarle la variedad de opciones, que los gustos son amplios y que todo se puede. Mi hija juega fútbol, juega con muñecas y juega ajedrez, como también ama el rosado y el violeta, pero usa jeans “de niño”. Mi paternidad no es ejemplo para nadie, dicho sea de paso.

Comentarios

  1. Totalmente de acuerdo, muy buena reflexión.
    Saludos.
    Pd. Ojalá muchos y muchas lo lean jejej ;)

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