UNA DESPEDIDA CON CARA DE COMIENZO
Hace muchos años que no sentía verdadera emoción en una sala de clases. Cuestión que era recurrente en mis primeros 10 años de docencia, pero que se ha ido disipando. Quizás porque estoy más viejo, quizás porque trabajo en una dinámica en la cual no tengo opción de acompañar el aprendizaje de nadie durante algo más que un semestre (por mucho tiempo trabajé en escuelas y luego en universidades, haciendo clases a estudiantes que seguía por 4 años). Esto de tener alumnos de paso o yo ser un profesor de paso, tiene sus cosas buenas (la institución no está con su pie firme sobre ti) y sus cosas malas (pierdes un sentido de proyección).
Pros y contras como la vida, como una partida de ajedrez o como una pichanga futbolera de barrio, la cuestión importante y que me tiene sentado con mi taza de café aquí escribiendo en un blog (inaugurando un blog) después de también 10 años sin escribir en un blog, porque sentí que las emergentes redes sociales acabarían con los textos largos de los blogeros de la primera parte del siglo XXI (en mis buenos tiempos, tuve tres blogs que se hicieron de una mini hinchada: sin timón y en el el delirio; club de literatos asesinos y pornográficos; Alí Agca: afinando la puntería); es que después de muchos años, repito, volví a sentir verdadera emoción en una sala de clases. Y si bien la sentí con los dos grupos humanos que enfrenté (el primer grupo, en sociología de una universidad católica), me enfocaré en el grupo de estudiantes extranjeros de intercambio que llegaron a la universidad estatal donde trabajo casi toda la semana.
Con estos estudiantes (Francia, Brasil, Alemania, Japón, Finlandia, Italia) pude reafirmar algunas ideas sobre lo que es un profesor y una clase. Entre paréntesis, en una de las clases, partimos hablando de la ridiculez máxima que atañe a la palabra "clase" para referirse al tiempo-espacio que reúne a supuestos aprendices con un supuesto maestro o maestra, ¿Será porque es sólo para una "clase" de personas en este sistema infame de "clasificación"? ¿Será porque formamos una "clase" de fulanos y fulanas?
Una de las ideas que por fin, creo, pude establecer sin tener mayores cuestionamientos y miradas reprobatorias de parte de los "aprendices" (que siempre ha pasado, porque los aprendices, también acostumbrados a estas dinámicas de adoctrinamiento, esperan ser tratados como rebaños para repetir "mmmmeeeeee" al igual que el profesor) fue que el maestro o maestra no sabe más que los supuestos aprendices y que yo, en verdad, no tenía nada que enseñarles, que de gramática sé poco y me interesa menos, y que aprenderíamos español pensando, analizando y discutiendo sobre temas que difícilmente pensarían, analizarían y discutirían en español. Por supuesto que, a partir de ese encuentro, resolveríamos las dudas gramaticales que surgieran o las putadas que el idioma español ofrece a los no hispanohablantes: la R, la J, los acentos, el subjuntivo y las x maneras de referirnos a acciones del pasado.
La "clase" es un espacio-tiempo de encuentro humano, de intercambio y comunicación, de experiencia... no conozco otra forma más potente y eficiente de aprender. Lo otro, eso que han construido a base de métodos, adoctrinamientos y fórmulas, ayuda, claro que sí (algunos métodos más que otros), pero nada supera las dos o tres cosas esenciales de aprender: entusiasmo-motivación, exploración-experimentación, comunicación-emoción. Y en el fortalecimiento de esas 3 dimensiones, pude basar mi enseñanza de español y cultura para los estudiantes extranjeros, con sus mundos, temores, prejuicios y puntos de vista tan dispares y tan representativos y no representativos de diversas partes del mundo que, por supuesto, me hace un privilegiado.
Y al ser un privilegiado, creo también reafirmar otra idea volátil que tenía en mente sobre la docencia: si el docente aprende, los estudiantes aprenden. Si el profesor no aprende, los estudiantes no aprenden y es una sesión perdida. Cuando me refiero a aprender no me refiero a que los aprendices memorizan y luego repiten lo que les mostré o hice frente a ellos, me refiero a que pudieron encontrarle el sentido amplio que rodea esa técnica o ese conocimiento y se les metió adentro, también emocionalmente y desde la reflexión.
Algo así, más o menos, fue mi intento de docencia de este último semestre, pero que desconocía el grado de aprobación o desaprobación o valorización que había causado en estos casi 30 foráneos que ya deben estar en sus países, olvidando de a poco el rostro de quien humildemente intenta plasmar en este texto unas pequeñas ideas al voleo. Lo desconocía, insisto, hasta el lunes pasado cuando llego a mi oficina y sobre mi escritorio me encuentro una agenda y una nota para que mirara con atención. Al abrirla, me enfrento a decenas de mensajes, saludos y despedidas de agradecimientos de la mayoría de estos "supuestos" aprendices para este fraude de "maestro", algunas fotografías, muestras de cariño y dibujitos con caras felices.
Después de muchos años en que la docencia se había transformado en un "trabajo" y no en una pasión, se cierra el círculo de los experimentos y me emociono otra vez con el encuentro humano del espacio-tiempo en que unos y otros tenemos el privilegio de compartir y aprender-nos.


Te admiro mucho profe Luis. Siempre me haces pensar más. :)
ResponderEliminarMuchas gracias. Ha sido un placer compartir contigo
ResponderEliminar